Factores
Edafoclimáticos
Temperatura.
La temperatura de la planta y la del ambiente no son iguales
porque las plantas son capaces de enfriarse por evaporación y de calentarse por
irradiación. Las plantas buscan alcanzar su temperatura óptima, para lo que es
muy importante que exista un equilibrio entre la temperatura ambiental, la
humedad relativa y la luz. Si los niveles de luz son altos la planta se
calentará demasiado, produciéndose una diferencia entre la temperatura
ambiental y la de la planta. Para enfriarse, el índice de transpiración de la
planta deberá aumentar. Al igual que ocurre con la temperatura, el índice de
transpiración depende de condiciones medioambientales como la luz, el nivel de
CO2 en la atmósfera y la humedad relativa, pero también de la especie de la
planta.
Las plantas constan de diferentes partes y cada una de ellas
reaccionan de un modo distinto a la temperatura. La temperatura de los frutos
es similar a la del aire; cuando la temperatura del ambiente aumenta, lo hace
también la de los frutos y viceversa. Sin embargo, la temperatura de los frutos
fluctuará menos que la del ambiente y tardará más en hacerlo (hasta un par de
horas más en algunos casos). La temperatura de las flores, por el contrario, es
mayor que la temperatura de las hojas o la del aire, además, los pétalos
transpiran a mucha menos velocidad que las hojas. La temperatura de las hojas
en la parte más alta del follaje experimentará mayores fluctuaciones que la de
las hojas situadas en la parte baja. Asimismo, el follaje de la zona superior
se calentará más fácilmente por irradiación y, por lo tanto, alcanzará
temperaturas más altas que las del ambiente cuando los niveles de luz sean
altos

Humedad.
La humedad puede ser el factor ambiental más difícil de
controlar en invernaderos. Incluso los equipos de control ambiental más
sofisticados no pueden controlar perfectamente el nivel de humedad en
invernaderos. Los niveles de humedad fluctúan con el cambio de la temperatura
del aire y, además, las plantas transpiran y agregan vapor de agua al ambiente
constantemente. En las áreas climáticas del norte, estos desafíos se
multiplican por muchos factores, como que el aire exterior más seco es demasiado
frío para realizar intercambios de aire. El aire húmedo contribuye directamente
a los problemas, como enfermedades de las raíces y las hojas, secado lento del
sustrato, estrés de las plantas,
pérdida de calidad, pérdida de producción, etc. Por lo
tanto, se necesitan más pesticidas para el control de las enfermedades y las
plantas tenderán a tener un crecimiento débil y estirado, lo que las hará menos
atractivas.
Si la humedad es demasiado baja, con frecuencia el
crecimiento de las plantas se verá comprometido, ya que los cultivos tardan más
tiempo en obtener un tamaño adecuado para la venta. Además, a menudo se caen
las hojas inferiores, el crecimiento es difícil y la calidad en general no es
muy buena. Si la humedad es muy alta o muy baja, la pérdida de calidad reduce
el precio de venta de los cultivos y aumenta los costos de producción, lo que
reduce las ganancias.
Medición de la pérdida de agua de la planta: La humedad es
la cantidad de vapor de agua en el aire. La cantidad máxima de vapor de agua
que se mantiene en el aire depende de la temperatura del aire (el aire más
caliente contiene más agua que el aire frío) y, en menor grado, de la presión
atmosférica. Cuando nos referimos a la humedad del aire, normalmente se expresa
en términos de humedad relativa (HR). Esto se debe a que la cantidad absoluta
de agua que contiene el aire fluctúa constantemente con la temperatura. La
humedad relativa se expresa como el porcentaje de vapor de agua en el aire, en
comparación con la cantidad total de agua que podría contener el aire si
estuviera saturado. Esta HR es la manera más común de expresar los niveles de
humedad, pero no expresa la pérdida de agua de la planta.

Suelo.
El suelo está
compuesto por minerales, materia orgánica, diminutos organismos vegetales y
animales, aire y agua. Es una capa delgada que se ha formado muy lentamente, a
través de los siglos, con la desintegración de las rocas superficiales por la
acción del agua, los cambios de temperatura y el viento. Los plantas y animales
que crecen y mueren dentro y sobre el suelo son descompuestos por los
microorganismos, transformados en materia orgánica y mezclados con el suelo.
Los minerales provienen de la roca madre, que se deshace
lentamente. También pueden ser aportados por el viento y el agua, que los
arrastran desde otras zonas erosionadas.
La materia orgánica es el producto de la descomposición de
vegetales y animales muertos. Puede almacenar gran cantidad de agua y es rica
en minerales.
Los microorganismos o pequeños organismos son de dos tipos:
los que despedazan la materia orgánica (insectos y lombrices) y los que la
descomponen liberando los nutrientes (hongos, bacterias). Viven dentro del
suelo y, además de intervenir para que la materia orgánica sea nuevamente
utilizada por las plantas, ayudan a pulverizar las rocas. Lombrices e insectos
forman poros que permiten la aireación, el almacenaje del agua y el crecimiento
de las raíces.
Agua y aire ocupan los poros, espacios entre las partículas
de suelo que se producen por las irregularidades de su forma y tamaño. La
distribución y tamaño de los poros es importante. Una excesiva cantidad de
poros pequeños origina suelos compactos, pesados, húmedos y un pobre crecimiento
de las raíces. Demasiados poros grandes forman suelos sueltos que se secan
rápidamente. Cuando más pequeño es el poro, más difícil es para la planta
absorber agua de él.

Luz.
Las plantas necesitan de la luz para realizar la fotosíntesis,
el proceso a través del cual obtienen su alimento. Las necesidades varían según
cada especie: existen plantas que necesitan mucha cantidad de luz, mientras que
otras se arreglan con muy poca. Pero además no todas las luces son iguales. La
luz natural es la más intensa y poderosa, y por eso es bueno procurar que todas
las plantas, incluso las de interior, accedan a la luz natural al menos durante
algunas horas al día.
La mayoría de las plantas de interiores proceden de bosques
tropicales, donde no reciben la luz directa del sol
Para tener una idea de la diferencia de intensidad que
existe entre la luz artificial, basta con conocer algunos datos sencillos. En
un día soleado, en el exterior, la luminosidad media se estima en unos 100.000
luxes. En cambio, el interior de una casa iluminado con luz artificial por lo
general no supera los 500 luxes. La diferencia es abismal y las plantas que no
reciben luz natural la notan.
Sin embargo, no hay que confundir la necesidad de que
accedan a la luz natural con dejarlas expuestas a la incidencia directa de los
rayos del sol, que pueden deteriorarla e incluso matarla. Hay que tener en
cuenta que la mayoría de las plantas que se cultivan en interiores en nuestro
país proceden de selvas y bosques tropicales, donde no reciben el sol directo
sino que están protegidas por la sombra que proyectan las copas de los árboles

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